Patricia Benito (Las Palmas, 1978)

Autobiografía:

«Nací en una isla y no sé nadar. He vivido en tres ciudades, nueve hogares y alguna casa. Me he enamorado una vez. He bajado corriendo de un tren en llamas y he visto explotar una bomba. No creo en las cosas que duran para siempre. O sí, no lo sé. Las fresas, con leche condensada. Cada cierto tiempo necesito cambiar cosas de sitio, ya sean muebles, personas o toda mi vida. Si no viajo, no puedo respirar. Tengo incontinencia sentiverbal. Me pierdo en cualquier atardecer, a ser posible con mar. Prequiero demasiado rápido y desquiero demasiado lento. No recuerdo la última vez que me dormí pronto. Mido el tiempo en medias cervezas y no hago planes a más de cerveza y media. Lloro en las manifestaciones cuando oigo a Labordeta. Te necesito cerca, pero no encima. Siempre voy con el más débil. No imagino un mundo sin queso, ni sin chocolate. Casi siempre es mejor dar que recibir, y no estoy hablando de sexo; no solo de sexo. La reina de mi casa es una gata coja que no para de ronronear. La empatía debería mover el mundo, no solo el mío. Si has leído hasta aquí, te puedes quedar»

Su primer poemario, Primero de Poeta (2017), publicado por la editorial Aguilar (Verso y Cuento) ha sido todo un éxito de ventas. Ha recibido críticas excelentes y se ha convertido en un fenómeno literario en poco tiempo. En él se encuentran versos transparentes y sinceros, llenos de noches y madrugadas que transita por calles de Madrid, por sueños rotos y amores nunca confesados. Primero de poeta es una iniciación, un paso valiente de su autora con el que ha dejado atrás una vida que aún tenía que aprender a disfrutar poco a poco, a sorbos de cerveza.

En Noviembre de este año publica su nuevo y esperado libro, de nuevo con Verso y cuento: Tu lado del sofá. «Tu lado del sofá es una despedida. Son los pedazos que no me atreví a rescatar del naufragio. Es un duelo a vida contra el espejo. Un sentirme nosotras. Es ser casa, canción de domingo y paz. Un cuarto creciente a medio tempo. Es aprender a echar de menos sin que duela. Son todas esas veces que dejé de hacer por miedo a perder.Tu lado del sofá es recuperar —por fin— el metro sesenta desde el que partí»